G 1.9
Hay silencios que sólo llegan después de los grandes momentos. El tuyo descansa sobre mi pecho mientras la noche acomoda sus sombras, y yo descubro que la paz tiene tu nombre y el eco suave de tu respiración.
Todavía habitan en mí tus besos, recorriendo la memoria como una canción que se niega a terminar. Tus caricias permanecen en mi piel, no como un recuerdo lejano, sino como una tibieza que se resiste a marcharse.
Y aquí estoy, con el alma serena y el corazón rendido, contemplando la calma que quedó después de habernos encontrado. Como si el mundo hubiera dejado de correr por un instante para quedarse a vivir entre tus brazos y los míos.
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