G 1.6
A veces la vida acerca mujeres que parecen hechas de humo, carácter y madrugada; mujeres que hablan poco, pero cargan en los ojos una intensidad capaz de desordenarle el pulso a cualquiera.
Y fue ahí, mirándola sostener el mundo con esa calma peligrosa, cuando entendí lo inevitable: mi debilidad ya tiene nombre… y también esa forma lenta y hermosa de incendiarme con su sola presencia.
Porque ella aprendió a ser fuerte sin dejar de ser profundamente femenina, a mirar de frente cada herida y aun así permitirse el lujo de ser querida, deseada, abrazada bonito.
Y yo, que siempre creí tener control sobre mis emociones, terminé cayendo en su silencio, en esa manera suya de acercarse despacio… y dejarme la piel llena de pensamientos sobre ella.
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