Entradas

Dual

  Hay una parte de ti  que llega en silencio,  como la noche cuando por fin decide abrazar al día cansado,  y en ella descanso…  sin preguntas, sin miedo,  como si el mundo, por un instante,  dejara de exigir tanto. Pero hay otra parte de ti  que irrumpe sin aviso,  que enciende cada rincón de mi cuerpo  y desordena lo poco que creía tener en calma. Esa parte que no pide permiso,   que me nombra distinto,   que me arranca de mí   y me lanza directo a tus ganas. Y entonces no sé  si quiero quedarme en tu paz  o perderme en tu tormenta,  porque en ambas existo,  y en ambas…  inevitablemente,  te pertenezco.

Miedos

  Algunos días no entiendo tus palabras  porque nunca llegan.  Otros días llegan,  pero están huecas… y no son verdaderas. Quiero preguntarte qué es lo que pasa,  pero tengo miedo a tu respuesta.  Miedo a que, en verdad, sí pase algo  que esté fuera de mis manos. Pero me da aún más miedo   que contestes que no pasa nada. Algunas tardes tengo esas ganas incontrolables  de escribirte,  de decirte lo que siento,  de que sepas que por ti muero…  pero esas mismas ganas se apagan  cuando tu respuesta no llega  o cuando es sólo un monosílabo  cuyo origen ya conozco. Y me da miedo preguntar. Hoy quiero hablarte, como todos los días,  pero puede más mi inseguridad  y me quedo con la idea,  con esas falsas promesas de “algún día”  y con este vacío  de extrañar todo  lo que tú me hacías sentir.

No quiero

  No quiero que pienses que no te amo…  te amo, y justo por eso me aparto. No es falta de amor, es miedo a ser yo  quien termine rompiéndote. No quiero quedarme hasta convertirme  en ese recuerdo que te duela nombrar,  en el error que te quite las ganas  de volver a sentir. No inventes historias en tu cabeza:  la verdad es más simple y más cruel…  sí te quiero,  pero no confío en no lastimarte. ¿Sabes qué es lo peor?  Que no sé vivir sin ti,   pero tampoco sé quedarme   sin hacer daño. Y antes de amarte hasta destruirte,  prefiero irme…  aunque eso también nos rompa.

Al fin

  Y un día, sin hacer ruido, te quedaste,  como si no hubiera nada que explicar,  como si el tiempo hubiera aprendido por fin  a no llevarte lejos de mí. No hubo promesas ni giros inesperados, sólo tu forma de mirarme… distinta,   como si por primera vez   no estuviera de paso. Y entonces entendí que no siempre fui el lugar equivocado,  sólo estaba llegando tarde a otras historias,  a otros intentos donde no sabías quedarte. Porque ahora no hago más que estar contigo, sin medir lo que doy ni esconder lo que siento… y en esta calma que no pide nada, por fin… ocurre.

Miradas 2.0

Vamos a mirarnos una vez más, sin buscar nada, solamente frente a frente, dejando que los ojos hablen y que nuestros cuerpos tiemblen. Vamos a mirarnos sin miedos, sin conceptos, sin querer algo uno del otro, sólo dejando pasar el tiempo. Vamos a dejar que nuestros latidos se busquen, que sigan ese ritmo que ambos queremos, pero no sabemos cómo decirlo. Vamos a dejar que las miradas traduzcan esas palabras que no se mencionan y que siempre busquen escribirse de la manera que, aunque no sepamos, es correcta. Vamos a darnos esa oportunidad de mirarnos, sentir cómo el mundo gira y nosotros somos el centro. Vamos a estar en contra de la ciencia, vamos a tomarnos de la mano, vamos a crear momentos y dejar que esas miradas bailen en su encuentro. Vamos a mirarnos una vez más, y después de eso, seremos uno… o todos los recuerdos.

Dudas 1.1

De quién fue la voz que aprendió a dolerte en silencio? ¿De quién aquella mirada que aún te inclina el alma hacia el suelo? ¿Quién deshojó tu nombre del amor  hasta dejarte sin pulso,  sin refugio en el pecho? Todos venimos de alguna herida,  de un eco que nos rompe el sentido;  y aun así, somos carne que insiste:  basta un susurro al oído  para incendiar lo que creíamos perdido. Hubo un tiempo  en que una presencia bastaba,  como lluvia tibia sobre las grietas,  como aire devolviéndole al pecho su casa. Y ahora mírate…  con el mundo abierto como una herida nueva,  con los días temblando en la punta de los dedos: ¿por qué sigues abrazando el daño  como si fuera lo único cierto?  ¿por qué te aferras a la herida  como si te definiera por dentro?  ¿por qué no quieres sanar…  aunque ya no quede nadie  que te esté rompiendo?

Desierto

Eres desierto cuando la noche respira cerca,  calor que se esconde bajo la piel y me llama, arena tibia donde mis manos se pierden despacio, aprendiendo tu forma sin romper el silencio. Y en tu fondo guardas la sed que provocas,  un oasis que no se muestra… se insinúa,  y me acercas lo justo, lo necesario,  para que entienda que tocarte… es quedarme.