G 2.7
Mis ojos nunca aprendieron a conformarse; desde que te encontraron, hicieron de tu silueta el único lugar donde quieren perderse. Y es que mirarte se ha convertido en una de mis formas favoritas de quererte. A veces me descubro observándote en silencio, recorriendo cada detalle de ti como quien contempla una obra de arte sabiendo que jamás terminará de descubrirla. Tu rostro tiene esa belleza ligera que parece suspendida en el aire, y tu sonrisa, tan discreta como irresistible, siempre termina provocando la mía… y algo más que guardo para cuando estamos lo suficientemente cerca. No sé en qué momento tus manos comenzaron a convertirse en mi refugio, ni cuándo tus piernas empezaron a robarse mis pensamientos con tanta facilidad. Solo sé que, cuando llego a la curva de tus caderas con la mirada, el tiempo deja de importarme y el deseo se instala entre los dos con absoluta naturalidad. Me vuelves un hombre incapaz de fingir indiferencia; quiero acercarme, sentir tu respiración mezclándose...