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Hay amores

  A veces me pregunto cuántos nombres puede llevar el amor. Existen los amores que matan: los que desgastan el alma con la ausencia, los que confunden el dolor con la costumbre y dejan cicatrices que el tiempo apenas consigue acariciar. También habitan los amores que salvan. Los que llegan sin hacer ruido, reconstruyen lo que parecía perdido y, con la ternura de una sola mirada, nos devuelven la esperanza de creer que el corazón siempre puede volver a florecer. Hay, además, amores que viven. No porque sean eternos, sino porque cada día deciden elegirse otra vez; porque encuentran refugio en una sonrisa discreta, en una caricia paciente y en el privilegio de caminar de la mano hacia el mismo horizonte. Y luego está el amor como el tuyo. No vino a rescatarme ni a herirme: vino a dar sentido a la fuerza que ya existía en mí. Es el amor en el que deseo permanecer, el que me inspira a ser un mejor hombre, el que quisiera abrazar hasta el último de mis días; porque, si alguna historia...

G 2.8

  Antes de que la lluvia bese la tierra, el mundo guarda un breve silencio. Entonces cae con una elegancia serena que transforma todo cuanto toca. Siempre me recuerda a ti: a la calma de tu seriedad y a esa sonrisa discreta que, sin proponérselo, ilumina mi corazón. Pero ni la lluvia posee el encanto de tus ojos. En ellos encuentro un refugio del que nunca deseo salir; basta una mirada para perderme en su profundidad y descubrir, una vez más, que el lugar más hermoso donde puedo extraviarme siempre será el reflejo de tu mirada.

Dos visiones

  Comenzó como una lluvia fuera de tiempo; tan solo cayeron las gotas, y cada una de ellas con un sentimiento, una gama de sensaciones y una inundación de posibilidades. No quedaban más que dos caminos: tratar de no mojarme y proteger todos mis sentimientos, aislando al mundo de mis pensamientos y buscando no ser aquel que se queda esperando a que la lluvia pasara, esperando a que la vida regresara, esperando a que alguien llegara a salvarme. Y, por otro lado, tomar valor para enfrentar esa gama de lágrimas, de risas, de sabores que no siempre son agradables; dejar que el todo te empape y tratar de organizar cómo vivir, cómo reír y cómo amar. Tan solo eso: vivir en la comodidad de no saber nada o vivir en la comodidad de conocer que hay vidas diferentes.

G 2.7

Mis ojos nunca aprendieron a conformarse; desde que te encontraron, hicieron de tu silueta el único lugar donde quieren perderse. Y es que mirarte se ha convertido en una de mis formas favoritas de quererte. A veces me descubro observándote en silencio, recorriendo cada detalle de ti como quien contempla una obra de arte sabiendo que jamás terminará de descubrirla. Tu rostro tiene esa belleza ligera que parece suspendida en el aire, y tu sonrisa, tan discreta como irresistible, siempre termina provocando la mía… y algo más que guardo para cuando estamos lo suficientemente cerca. No sé en qué momento tus manos comenzaron a convertirse en mi refugio, ni cuándo tus piernas empezaron a robarse mis pensamientos con tanta facilidad. Solo sé que, cuando llego a la curva de tus caderas con la mirada, el tiempo deja de importarme y el deseo se instala entre los dos con absoluta naturalidad. Me vuelves un hombre incapaz de fingir indiferencia; quiero acercarme, sentir tu respiración mezclándose...

G 2.6

  Dicen que el corazón late para recordarnos que seguimos vivos; que con cada latido empuja la sangre, sostiene los sueños y le regala al cuerpo la fuerza necesaria para abrazar un nuevo día. Nunca se cansa, nunca pide descanso; simplemente insiste, como si conociera un motivo que la razón aún no alcanza a comprender. Y, sin embargo, hay momentos en los que parece cambiar su compás, como si descubriera un ritmo distinto que nadie le enseñó y que sólo él supiera reconocer. Fue entonces cuando entendí que el corazón no sólo sabe mantenernos con vida, también sabe elegir por quién quiere latir. Desde que llegaste, cada mirada tuya marca ese nuevo ritmo, cada sonrisa le da un motivo más para seguir adelante y cada instante a tu lado le recuerda dónde pertenece. Porque un corazón sano late para demostrar que está vivo; un corazón enamorado late porque encontró a la persona por la que desea vivir cada uno de esos latidos.

G 2.5

Hay miradas que iluminan, miradas que abrazan, miradas que dan calma y miradas que enamoran; la tuya hace las cuatro al mismo tiempo. En un solo instante encuentra mis dudas, acaricia mis silencios, alegra mis días y le recuerda a mi corazón que el mejor lugar para quedarse siempre será donde habitan tus ojos. Por eso mírame, hoy, mañana y todos los días que la vida nos regale. Mírame con esa ternura que desarma mis miedos, con ese amor que vuelve extraordinario lo cotidiano y con esa luz que hace de mi mundo un hogar. Si algún día pudiera pedir un solo deseo, sería que jamás dejaras de mirarme así, porque en tu mirada encontré la forma más hermosa de sentirme amado.

Verte

  No pretendo cambiar tu mundo; jamás intentaría alterar el camino que has construido ni la vida que has aprendido a sostener con tus propias manos. No quiero ser quien te transforme, porque la mujer que eres ya posee una belleza que no necesita ser reinventada. Solo te pediría un instante. Un momento para que te miraras a ti misma con los ojos con los que yo te miro. Que descubrieras la fuerza que escondes cuando dudas, la ternura que regalas sin darte cuenta, la luz que llevas incluso en los días en que crees haberla perdido. Que pudieras reconocer en tu reflejo a esa mujer extraordinaria que, quizá por costumbre o por modestia, olvida contemplarse. Si lograras verte como yo te veo, entenderías que nunca quise cambiarte. Porque todo aquello de lo que me enamoro ya estaba en ti mucho antes de que nuestros caminos se encontraran.

Sin rumbo

  Beso a beso se nos acabó el mundo. Ese mapa que se dibuja en toda tu piel, que de día me lleva al infinito y de noche me hace navegar por los límites sin explorar, buscando refugio en algún momento; la calidez de la playa de tu sonrisa y el éxtasis del reflejo del sol en tu mirada. Seguir sin miedo por las cordilleras que son tus costillas y todas las maravillas que me hacen sentir cuando llego a la cima. Así me pierdo porque yo quiero, y espero que, con la brújula del deseo, me dejes perderme mil veces y me encuentres siempre, sediento de tu compañía.