Nos vemos
No sé cómo despedirme de ti sin que suene a abandono. Te nombro en silencio, como se nombra lo que sostuvo, lo que guardó mi voz cuando no sabía dónde dejarla. Aún respiras en lo cotidiano, en esos gestos pequeños donde cabía todo: las pausas incómodas, las risas que llegaban tarde… pero llegaban. Había algo en tu forma de envolver los días que hacía parecer que siempre habría un después. Fuiste testigo de mis intentos por quedarme. De abrazos que parecían promesas y de despedidas disfrazadas de “nos vemos”. Escuchaste nombres distintos, sentiste latidos que no siempre eran míos, y aun así me sostenías… como si entendieras que uno también se rompe acompañado. Contigo dejé lo más honesto de mí. Ahí no hubo máscaras: solo piel buscando consuelo, miradas que duraban lo que dura la fe, y noches donde el amor y la costumbre se confundían hasta doler. También supiste de mis grietas. De lo que se cae sin hacer ruido, de las preguntas que uno se hace frente a sí mismo cuando todo empieza ...