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Tablas

 Me quedo con las ganas de seguir tu silueta en los cuartos vacíos, con el eco de tu risa chocando contra mi orgullo malherido; tú te quedas con las ganas de jugar con mis ganas, de encenderme y apartarte, como si el deseo fuera un juguete tuyo. Yo cargo el peso de lo que no te dije por no arrodillarme, tú te llevas la certeza de que aún temblaba por ti, y en ese intercambio injusto los dos fingimos que ganamos algo. Me quedo con tu ausencia caminándome por dentro, con esta pasión domesticada que no acepta jaula; tú te quedas con mi hambre suspendida en la memoria, sabiendo que nadie va a mirarte con mi incendio. Yo conservo el orgullo de no llamarte, pero también la herida de querer hacerlo, y tú te marchas con la vanidad intacta de haber sido tormenta… y no refugio.

Temporal

  La besaba con la urgencia de quien sabe que está perdiendo,  mi cuerpo sacudido por un amor que dolía al respirarlo;  no dijimos nada, porque la verdad ya sangraba entre los dos:  éramos un error hermoso condenado a durar un instante. Su cuerpo, perfecto como una herida abierta en la memoria,  su alma limpia, cruelmente intacta frente a mi ruina, y toda esa pureza ardiendo en mis manos era pasión, pura pasión desgarrándose viva. La abracé sabiendo que el final ya nos estaba mirando,  y aun así temblamos como si el mundo dependiera de ese choque; efímeros, sí, y por eso más salvajes, amándonos con la furia de lo que no tiene mañana. Su belleza me atravesaba como una despedida interminable,  su luz era un cuchillo dulce que no quise esquivar, y en el silencio donde murió nuestro nombre, quedó sólo el fuego… y el fuego dolía.

Silencio

Qué hay después de ti? ¿Existe algo más allá de tus ojos, o el mundo termina en su recuerdo? Miro los paisajes y sé que continúan ahí, intactos, cumpliendo su promesa de belleza. Pero llegan a mí como si los observara a través de un vidrio antiguo: distantes, silenciosos. Quizá algún día vuelva a distinguir de qué color es el cielo, de qué color se abren las flores, de qué tono respira el desierto; hoy todo parece cubierto por una claridad que no me toca. Las estaciones avanzan con una calma que no pregunta por nadie. Las flores regresan a su sitio. Las lunas crecen y se apagan con la paciencia de lo eterno. Y en medio de ese orden que no me necesita, el sonido de tu palpitar permanece en mi mente, tenue pero constante; el calor de tu mirada, la brisa que fue el recuerdo de tus manos… todo reposa en mí como una luz que no alumbra, pero tampoco se extingue. No hay regreso en ese resplandor. No hay promesa escondida en su silencio. Sólo esta permanencia suave, interminable, donde tu ause...

Testigos

Tenemos un momento que es eterno. Somos aquellas luces que alguien, en una noche despejada, mira de lejos. Recuerdos que vuelan de un lado a otro, buscando dónde quedarse, deseando poder vivir ahí sin pagar ausencia ni distancia. Tenemos una comunicación que va más allá de las palabras: las miradas reaccionan y la piel sabe leerlas. No hay sonidos, no hay confusiones; solo suspiros y verdades transparentes, una calma que arde sin hacer ruido. ¿Nos amamos de esa manera, sin tocarnos del todo? ¿Por qué no estamos juntos, si todo en nosotros ya lo está? No seremos un destino escrito, sino la posibilidad que se resiste al final. Tal vez campos interminables de maíz o de trigo, tal vez el lenguaje secreto que no necesita testigos. Y cuando el tiempo se canse de separarnos, seremos, al final de los tiempos, uno mismo, sin preguntas.

Puntos

Las luces seguían brillando en la pista; las miradas se perdían con el compás de la música, que se disolvía en el ruido. Las siluetas iban y venían, y el brillo de tu sonrisa se veía cansada. No te tuve presente hasta que, de reojo, te miré: un rastro borroso al principio, una sombra en movimiento, como si fuera una descripción de cómo pasa la vida frente a ti. Yo, con la mirada cansada y el corazón que apenas latía, te noté y después te sentí. Tardé mucho en decidirme si eras real o solo una parte de mis pensamientos que tomaron forma. Tú, tan lejana y tan difuminada, a solo una pista de baile de distancia. Me encontraste; no te encontré yo a ti. Me llamaste con esa mirada que no era para mí, sino para todos, y aun así me sostuvo. Me acerqué con recelo y te pregunté tu nombre. Al principio no me miraste y dijiste solo “no”, pero en el segundo parpadeo supiste que era en serio. Nos tocamos la mano y flotamos sin miedo. Pudo haber sido el alcohol o solo el pulso del momento, pero eras r...

Destinos

  Hoy vamos a tocarnos como nunca lo hemos hecho, pero con el resultado de siempre. Vamos a concentrar todas nuestras ideas en aquel momento en el que fuimos uno, dejando que las neuronas lo intenten, pero no se encuentren. Por un instante, sintamos en las palmas de las manos ese temblor, esa electricidad que reconoce la piel, recordemos aquel abrazo que nos hace falta, ese calor del cuerpo junto al mío, la respiración que se acomoda sin pedir permiso. El abrazo esperado, la certeza de que no hay mañana, pero sí una eternidad, condensada en un solo latido. Vamos a tocarnos en el mejor sentido de la palabra, en aquel Edén donde nuestras almas se tocan, donde la piel aprende de memoria el mapa del otro. Por un momento se sienten, se poseen y se pierden, se abandonan sin miedo, y eso hace que lleguemos al cielo, y desde ahí todo sea mejor, más lento, más hondo, más nuestro. Alcanzar ese instante exacto en donde sabemos a qué huele el otro, donde el deseo no se pide, se reconoce. Sabem...

Sentir

Somos sólo momentos, sólo somos tiempos; sólo somos de esas palabras que se las lleva el viento. Somos suspiros que han sido negados. Somos miradas que se quedan perdidas, somos aquel sazón que a veces le falta a la comida, somos una caricia no pedida. Somos un párrafo que se pierde al momento de ser leído. Somos ese color que no tiene nombre. Somos aquel libro que se quedó olvidado. Somos tantas cosas y, a la vez, no somos nada. Pero quiero ser un poema que sí se lea hasta gastarse, un color que se distinga aun con los ojos cerrados, una vida que arda y valga la pena vivirse. Quiero ser como ese frío de la mañana que despierta la piel, y ser la razón silenciosa por la que alguien suspira sin saber por qué.