Mapas
Vamos a empezar por los dedos de tu pie izquierdo y aquella pantorrilla que, aunque delicada, es fuerte, protegida por aquella serpiente que sólo le da vuelta y te mira de frente. Acariciaré poco a poco tus rodillas, subiendo la intensidad, buscando entrada en el laberinto de figuras, de grecas y de estilos. Me encanta quedarme ahí, pero seguiré en mi camino por ese mapa que es tu cuerpo. No me salto nada, pero dejo lo mejor para el final. Me concentro en un ombligo. Se siente también tocar lo que es tuyo, como si cada trazo guardara una historia que sólo mis manos comienzan a entender, que de un lado tiene una mariposa y del otro lado, una flor, aquella dualidad de libertad y belleza que no me dejan respirar tranquilo. Toco los dedos de tus manos. Vamos al mismo tiempo y siento cómo reaccionan al cerrar los puños. Subo poco a poco por tus antebrazos, tus codos, tus hombros y todas las calaveras que hay en tus brazos. Me voltean a ver esas flores que tanto me gusta acariciar, que me de...