Sentir
Tu belleza me provoca, pero es tu manera de ser la que termina por rendirme. Tu paciencia, tu dulzura y esos gestos que haces sin esperar nada a cambio tienen una forma peligrosa de desarmarme por completo. Me miras, me sonríes, me acercas a ti… y de pronto vuelvo a sentir esas ganas de besarte, de abrazarte fuerte y de perderme un poco más en ti. Cada día me enamoro más de ti, pero también te deseo más. Deseo tus manos, tu cercanía, tus besos y esa intimidad que sólo nosotros sabemos despertar. Porque contigo el amor no se queda en palabras: se siente en la piel, en la mirada y en ese instante en que nos acercamos y todo lo demás deja de importar.