Tablas
Me quedo con las ganas de seguir tu silueta en los cuartos vacíos, con el eco de tu risa chocando contra mi orgullo malherido; tú te quedas con las ganas de jugar con mis ganas, de encenderme y apartarte, como si el deseo fuera un juguete tuyo. Yo cargo el peso de lo que no te dije por no arrodillarme, tú te llevas la certeza de que aún temblaba por ti, y en ese intercambio injusto los dos fingimos que ganamos algo. Me quedo con tu ausencia caminándome por dentro, con esta pasión domesticada que no acepta jaula; tú te quedas con mi hambre suspendida en la memoria, sabiendo que nadie va a mirarte con mi incendio. Yo conservo el orgullo de no llamarte, pero también la herida de querer hacerlo, y tú te marchas con la vanidad intacta de haber sido tormenta… y no refugio.