Hay amores
A veces me pregunto cuántos nombres puede llevar el amor. Existen los amores que matan: los que desgastan el alma con la ausencia, los que confunden el dolor con la costumbre y dejan cicatrices que el tiempo apenas consigue acariciar. También habitan los amores que salvan. Los que llegan sin hacer ruido, reconstruyen lo que parecía perdido y, con la ternura de una sola mirada, nos devuelven la esperanza de creer que el corazón siempre puede volver a florecer. Hay, además, amores que viven. No porque sean eternos, sino porque cada día deciden elegirse otra vez; porque encuentran refugio en una sonrisa discreta, en una caricia paciente y en el privilegio de caminar de la mano hacia el mismo horizonte. Y luego está el amor como el tuyo. No vino a rescatarme ni a herirme: vino a dar sentido a la fuerza que ya existía en mí. Es el amor en el que deseo permanecer, el que me inspira a ser un mejor hombre, el que quisiera abrazar hasta el último de mis días; porque, si alguna historia...