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G 1.4

 Hay días de lluvia que no hacen ruido, sólo se quedan mirando por la ventana del alma…igual que tus ojos tranquilos, que aprendieron a mantenerse serenos incluso después de tantas tormentas. Tu sonrisa discreta tiene algo de madrugada húmeda, de café tibio entre las manos y silencios que pesan; porque antes de volverse hermosa, tuvo que ser fuerte, sostenerse sola y aprender a no quebrarse frente al frío. Y quizá por eso tu luz se siente distinta… porque no nació de la calma, sino de haber sobrevivido.Ahora entiendo por qué me gustan tanto las tormentas suaves: porque se parecen a ti… a esa manera tan tuya de seguir siendo ternura, incluso después de haber sido tan fuerte y tan sola.

Otro diálogo

  Hay miradas que dicen demasiado y silencios que terminan pesando más que cualquier conversación. A veces sobran las palabras, los diálogos sin importancia, y aun así son esos pequeños momentos los que sostienen el siguiente día, como avisos absurdos que el tiempo convierte en realidad. Y entonces uno empieza a hablar así, sin entender del todo qué está pasando; con esa necesidad insoportable de querer conocer cada rincón de alguien, mientras todo termina reduciéndose a un argumento torpe, a una sola frase incapaz de contener lo que realmente se siente. Tal vez eso es lo más triste: descubrir demasiado tarde que algunas personas logran quedarse dentro de ti sin haber pertenecido nunca a tu vida, y que hay ausencias que comienzan incluso antes de que algo exista realmente.

Sin dudar

  No encuentro las palabras adecuadas. En este momento, mis latidos son más fuertes que mis pensamientos, y algo dentro de mi razón me dice que está bien. Aunque pocas veces mi corazón ha sido quien manda, no es algo nuevo de sentir, pero sí algo diferente y maravilloso, que me hace querer vivir dentro de esa presencia, esa fuerza y ese cariño. Así quiero vivir el resto de mis días. Esto quiero sentir mientras tenga vida. Quiero perderme sin miedo en tus ojos y amanecer todos los días besando esos hermosos labios que, desde el primer instante, desordenaron mi mundo y le dieron calma a mi alma.

Tus besos

 Hay besos cotidianos, pequeños y tibios, capaces de hacer hogar en medio del caos. Hay besos robados, rápidos y temblorosos, que convierten un segundo en un recuerdo eterno. Existen besos lentos, donde el tiempo se detiene y la piel aprende a hablar en silencio. También están los besos sorpresa, esos que llegan sin aviso y desordenan el corazón por completo. Y luego viven los besos a medias… los que se quedan suspendidos entre dos respiraciones, donde el deseo arde más por lo que espera que por lo que toca. Pero entre todos ellos, el más profundo es ese beso que no nace de los labios, sino de dos almas que por fin se reconocen.

G 1.3

 Despierto sin saber en dónde estoy. La primera pregunta es: ¿quién soy? ¿En dónde quedaron las imágenes que sé que alguna vez viví? Tal vez ayer, tal vez hace mil años, tal vez nunca, porque mi imaginación ya no funciona como antes. No sé distinguir entre lo que sí eres o lo que yo fui, en mil historias que nunca existieron o fueron de otras personas. Sé que me gustas como eres y no cambiaría nada de ti, esperando que en todos esos mundos existas igual y sientas lo que yo siento por ti. Solo encuentro esos recuerdos que taladran mi cerebro; no encuentran la salida adecuada y buscan que el filo entre la realidad y la fantasía sea menor, hasta romperlo por completo, y me dejen vivir dentro de esas ideas, acariciando siempre el más bello de tus recuerdos, como si fueran el único lugar en donde mi mente todavía reconoce la vida, el único rincón en donde aún existo sin perderme de nuevo en la oscuridad de mí mismo.

G 1.2

  Ella tiene una sonrisa capaz de suavizar los días más grises, como si el mundo encontrara descanso apenas la mira. Detrás de sus lentes vive una mirada inteligente y tranquila, de esas que entienden el dolor sin dejar de hablarle bonito a la vida. Aprendió a cargar el universo entero entre sus manos sin renunciar a la ternura. Hizo del amor una rutina silenciosa, del cuidado una forma de arte y de la fortaleza algo tan sutil, que parece viento y aun así sostiene tormentas. Y quizá lo más hermoso de ella es que, después de todo, todavía sonríe con el alma.

Verdad

 Hay mujeres que nacen con la extraña virtud de parecer eternas. Llevan luz en la mirada, calma en la voz y esa delicadeza capaz de reconstruir un corazón incluso en medio del cansancio. Pero cuando una mujer se convierte en mamá, algo en el universo florece distinto. No deja de ser ella: sigue siendo sueño, fuerza, belleza y camino propio; sólo que ahora su amor aprende a multiplicarse hasta volverse refugio, abrigo y destino para alguien más. Ser mamá no disminuye a la mujer que era, la vuelve inmensa. Porque mientras sostiene una pequeña vida entre sus brazos, también sostiene el tiempo, la esperanza y la ternura del mundo entero. Y quizá ahí viva su magia más profunda: en ser capaz de entregarlo todo sin perder su esencia, haciendo que su corazón valga el doble… porque late por ella y también por quienes ama.