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Ayeres

Nos encontramos como llegamos al mundo: de frente, sin defensas, respirándonos despacio, reconociendo el olor del otro como si el cuerpo supiera antes que nosotros dónde quería estar. Esperando que alguno rompa el silencio con una mirada, una caricia o ese beso que no necesita palabras porque lo dice todo. Un instante para sentirnos uno y, al siguiente, descubrir que quizá siempre fuimos dos buscando exactamente este momento. No quiero guardar este instante para vivir de su recuerdo; quiero algo más. Quiero juntar muchos momentos contigo, hacerlos presente, convertirlos en días, en noches, en risas, en silencios y en esa forma tan nuestra de encontrarnos. Porque no quiero que seas un recuerdo hermoso de mi vida; quiero que seas parte de la vida que todavía nos queda por vivir.

Solo 2.0

Añoro tu voz, esas risas que apenas se escapan, el movimiento de tus ojos cuando me miran y dicen cosas que la boca todavía no se atreve. Añoro también esos instantes en que el tren entra en un túnel y el mundo desaparece por unos segundos; entonces solo queda tu mano entre la mía y ese latido obstinado de mi corazón, que a veces sospecho que aprendió a latir al mismo ritmo que el tuyo. Añoro nuestros silencios, incluso los extraños, porque contigo hasta el silencio tiene calor. Me gusta saber que seguimos aquí, creciendo, sintiendo, descubriendo que todavía nos queda mucha vida y que, quizá, lo más hermoso sea aprender a vivirla juntos. Déjame seguir perdiéndome en tus ojos, alimentarme de esas sonrisas que das como si fueran pocas y, cuando llegue el ruido del mundo, buscar tu mano. Solo eso: que la mía encuentre siempre la tuya y que, esta vez, ninguna de las dos tenga ganas de soltarse.

Ser

  Vamos a desearnos las buenas noches temprano, dejando que las mentes se fundan con los sueños, acariciando las nubes y dejando que las estrellas nos cubran con sus besos. Vamos a soñarnos mutuamente, dejando que las ideas nos lleven al infinito y siempre nos regresen de la mano, saciados, amados y con esas sonrisas que le hacen frente al sol; cubiertos de sudor, con ese brillo en la piel que no se puede disimular. Vamos a contarnos poemas, a dejar que las letras hagan lo suyo y que el cuerpo se abandone; que vuelen los espíritus y se besen las mentes, que se fundan, que se quieran más que a nada y regresen al alma, llevando un pedazo del otro dentro de cada quien. Vamos a despedirnos de la noche. Vamos a hacer que quiera amanecer, que los días esperen nuestros encuentros y se llenen de un deseo que solo la unión de nuestras bocas les puede dar. Vamos a brillar y a hacer que el universo gire. Vamos a gritar. Vamos a ser un motivo para amar.

G 3.1

  Solo quiero decirte que me gusta tu sonrisa: así, discreta y envuelta en misterio. Ilumina el instante en que se asoma y me roba el aliento. Me gusta pensar que esa sonrisa me dice tantas cosas; me atrapa, me hipnotiza y me hace sentirlo todo. También me fascina descubrir que existen distintas maneras de disfrutarla: la que se vuelve cómplice de un momento, la que aparece espontánea y deja escapar la vida, y aquella que, sin proponérselo, acapara por completo mi atención. Podría seguir hablando de sus virtudes, de todo lo que provoca en mí y de la forma en que transforma cualquier instante. Pero prefiero quedarme con lo más importante: que esa sonrisa ahora también me pertenece un poco, porque soy yo quien tiene la fortuna de provocarla.

Otra vez G

  Estoy aquí, detrás de tu sonrisa, intentando sobrevivir a ella. Deseando de corazón no perderme, aunque en el fondo también busco hacerlo. Estoy aquí, frente a ti, sosteniendo tu mirada, buscando ese instante exacto en el que voy a dejar de resistirme. No necesito que me rescates; solo quiero dejarme llevar hasta donde deseo llegar, hasta ese lugar donde pueda encontrarte nuevamente. Sé que te tengo en un instante y al siguiente siento que te pierdo. Pero no es porque no pueda encontrarte; es porque estás en todas partes. Estás presente, latiendo cada vez más fuerte mientras te llevo conmigo en el pensamiento. Así quiero que sean estos dos minutos: quererte en uno y en el siguiente recordar que existes. Volver a elegirme contigo una vez más, volver a quererte otra vez, hasta que al final descubramos que siempre estuvimos llegando al mismo lugar: estar juntos para siempre.

Diferentes

  Los amores prohibidos no piden permiso. Tampoco se explican. Llegan como la lluvia: cuando quieren, donde quieren. No se reclaman porque saben que el amor no pertenece a nadie. Se miran de lejos, se reconocen entre el ruido, sobreviven al tiempo, a los chismes, a las miradas que siempre creen saber más de lo que ven. Quizá por eso deberían durar para siempre. No por prohibidos, sino por valientes. Porque hay amores que encuentran su refugio en la complicidad y hacen de un instante una vida entera. Y es que, pensándolo bien, todo amor tiene algo de prohibido: una frontera que cruzar, un miedo que vencer, una locura que nadie entiende. Tal vez por eso amamos. Tal vez por eso seguimos volviendo.

Tiempos

Eres como el tiempo: serena, inevitable y difícil de definir. Tienes la calma de aquello que no necesita apresurarse, la firmeza de lo que permanece mientras todo cambia y esa manera tuya de decidir con una precisión que a veces parece fría, pero que nace de una fuerza que admiro profundamente. Porque hay cosas que no se pueden medir, solo sentir; como el tiempo, como tu belleza, como la forma en que llegaste a mi vida. Y quizá por eso estar contigo se parece a encontrar un instante eterno, uno de esos momentos que no pasan, porque de alguna manera siempre estuvieron destinados a existir.

Realidad

 No sabes lo difícil que es extrañarte cuando mi cuerpo todavía recuerda el tuyo. Hay algo en ti que despierta una parte de mí que no sabía cuánto necesitaba sentir: tus manos, tu mirada, esa forma tuya de acercarte y hacer que todo lo demás deje de importar. Te deseo con una intensidad que no sé explicar. Te deseo en mis pensamientos, en mis sueños, en esos momentos en los que cierro los ojos y vuelvo a imaginar tu piel junto a la mía, tu respiración cerca, tu risa después de un beso y esa conexión que hace que el mundo se quede lejos. Pero lo que más me enloquece es saber que no solo quiero tu cuerpo; quiero la mujer que habita en él. Quiero tus abrazos después de la pasión, tus palabras al oído, tu forma de mirarme cuando somos solamente tú y yo. Porque contigo descubrí que el deseo también puede sentirse como hogar. Y si hay un lugar donde quiero perderme una y otra vez, es en ti.