Mi imaginación
Tú existes con una belleza que parece haber sido pensada lejos de este mundo. Tus ojos tienen la profundidad de los cielos antiguos, esos que guardan estrellas que nadie ha terminado de contar. En tu sonrisa vive la misma luz que nace cuando el amanecer toca la tierra por primera vez, y tu piel posee la suavidad silenciosa del mar cuando decide descansar. Las curvas de tu cuerpo recuerdan la paciencia con la que el universo dibuja sus órbitas perfectas, como si cada forma hubiera sido calculada con una intención secreta. Todo lo hermoso que conocemos —las lunas, los mares, las flores abiertas al sol— parece apenas un intento de acercarse a lo que eres… porque cuando apareces, el mundo entiende que la belleza no estaba terminada hasta que tomó la forma de mujer.
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