Testigos
Tenemos un momento que es eterno. Somos aquellas luces que alguien, en una noche despejada, mira de lejos. Recuerdos que vuelan de un lado a otro, buscando dónde quedarse, deseando poder vivir ahí sin pagar ausencia ni distancia.
Tenemos una comunicación que va más allá de las palabras: las miradas reaccionan y la piel sabe leerlas. No hay sonidos, no hay confusiones; solo suspiros y verdades transparentes, una calma que arde sin hacer ruido.
¿Nos amamos de esa manera, sin tocarnos del todo?
¿Por qué no estamos juntos, si todo en nosotros ya lo está?
No seremos un destino escrito, sino la posibilidad que se resiste al final. Tal vez campos interminables de maíz o de trigo, tal vez el lenguaje secreto que no necesita testigos. Y cuando el tiempo se canse de separarnos, seremos, al final de los tiempos, uno mismo, sin preguntas.
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