Destinos

 Hoy vamos a tocarnos como nunca lo hemos hecho, pero con el resultado de siempre. Vamos a concentrar todas nuestras ideas en aquel momento en el que fuimos uno, dejando que las neuronas lo intenten, pero no se encuentren. Por un instante, sintamos en las palmas de las manos ese temblor, esa electricidad que reconoce la piel, recordemos aquel abrazo que nos hace falta, ese calor del cuerpo junto al mío, la respiración que se acomoda sin pedir permiso. El abrazo esperado, la certeza de que no hay mañana, pero sí una eternidad, condensada en un solo latido.

Vamos a tocarnos en el mejor sentido de la palabra, en aquel Edén donde nuestras almas se tocan, donde la piel aprende de memoria el mapa del otro. Por un momento se sienten, se poseen y se pierden, se abandonan sin miedo, y eso hace que lleguemos al cielo, y desde ahí todo sea mejor, más lento, más hondo, más nuestro. Alcanzar ese instante exacto en donde sabemos a qué huele el otro, donde el deseo no se pide, se reconoce. Sabemos exactamente qué es lo que necesitas para voltear, sabemos reconocer ese momento preciso en donde las miradas se juntan apenas un segundo y hacen todo explotar, como si el mundo no pudiera sostener tanta cercanía.

Vamos a tocarnos a la distancia, vamos a desafiarnos al tiempo, vamos a sentirnos más cerca, hasta que duela, hasta que la ausencia ya no tenga dónde esconderse. Vamos a ganarle al olvido.


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