Más besos

 Empiezo por tus pies, pero ya no con timidez… sino con una necesidad contenida. Mi mano se desliza sobre ellos como si los reclamara, recorriendo cada dedo con una lentitud que provoca, que anticipa. La yema de mis dedos se detiene apenas, presiona lo suficiente para arrancar un suspiro… como si aprendiera tu lenguaje desde el primer contacto.

Mis labios llegan después, más decididos. Beso el empeine con calor, dejando que mi aliento se quede ahí, que lo sientas incluso antes del siguiente roce. No hay prisa… pero tampoco inocencia. Mi boca se queda un segundo más de lo necesario, y mi mano ya ha comenzado a subir.

Tu tobillo… lo rodeo con firmeza, sintiendo su fragilidad entre mis dedos. Asciendo por tu pantorrilla, despacio, sintiendo cómo tu piel se eriza bajo mi paso. Mi pulgar dibuja líneas que no se repiten, que exploran… mientras mis labios siguen el rastro, más húmedos, más presentes, como si quisieran dejar marca sin dejarla.

Cuando llego a tu rodilla, me detengo… no por duda, sino por intención. La acaricio completa, la sostengo, mientras mis labios la rozan apenas, provocando ese contraste entre lo suave y lo contenido. Todo en ese punto es una promesa.

Subo a tus muslos… y ahí mi mano cambia. Ya no sólo recorre… ahora se queda, aprieta ligeramente, reconoce la firmeza, el calor que se acumula. Mis dedos se deslizan con más confianza, más lentos aún… como si supieran que ahí comienza otra historia. Mis labios no se quedan atrás: besos más profundos, más cargados, dejando un rastro que arde suavemente.

Tu cadera… la tomo con una mezcla de deseo y cuidado, delineando su curva con la palma completa. Mi mano se adapta a ti, te sigue, te entiende. Mis labios llegan después, más insistentes, más cercanos… como si cada beso quisiera hundirse un poco más en tu piel.

En tu vientre, mi mano se abre… se extiende, sintiendo el ritmo de tu respiración acelerarse bajo mi tacto. Mis dedos se deslizan lento, apenas rozando, provocando sin invadir. Mis labios bajan el ritmo… besos más pausados, más conscientes, dejando que cada uno pese un poco más.

Cuando llego a tu pecho… todo se vuelve más delicado, pero no menos intenso. Mi mano se mueve con cuidado, con una atención casi reverente, mientras mis dedos exploran con precisión, sintiendo cada reacción tuya. Mis labios apenas rozan, pero ese “apenas” lo es todo… es intención pura, es fuego contenido.

Subo por tu cuello, dejando que mi mano trace ese camino lento, sintiendo cada latido bajo tu piel. Mi pulgar se queda ahí un instante… como si quisiera detener el tiempo. Mis labios ascienden también, más cerca, más cálidos, rozando sin tocar del todo.

Y cuando finalmente llego a tu rostro… mi mano se pierde en tu cabello, lo toma suavemente, lo sostiene… mientras mis labios encuentran los tuyos con una intensidad que ya no se contiene.

No es un beso suave. Es un beso que recoge todo el recorrido anterior… cada caricia, cada pausa, cada suspiro guardado.

Y apenas comienza.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Multivac dice: Es su Pueblo Fatal !!!

Es el fin

Kiss 11.0