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Testigos

Tenemos un momento que es eterno. Somos aquellas luces que alguien, en una noche despejada, mira de lejos. Recuerdos que vuelan de un lado a otro, buscando dónde quedarse, deseando poder vivir ahí sin pagar ausencia ni distancia. Tenemos una comunicación que va más allá de las palabras: las miradas reaccionan y la piel sabe leerlas. No hay sonidos, no hay confusiones; solo suspiros y verdades transparentes, una calma que arde sin hacer ruido. ¿Nos amamos de esa manera, sin tocarnos del todo? ¿Por qué no estamos juntos, si todo en nosotros ya lo está? No seremos un destino escrito, sino la posibilidad que se resiste al final. Tal vez campos interminables de maíz o de trigo, tal vez el lenguaje secreto que no necesita testigos. Y cuando el tiempo se canse de separarnos, seremos, al final de los tiempos, uno mismo, sin preguntas.

Puntos

Las luces seguían brillando en la pista; las miradas se perdían con el compás de la música, que se disolvía en el ruido. Las siluetas iban y venían, y el brillo de tu sonrisa se veía cansada. No te tuve presente hasta que, de reojo, te miré: un rastro borroso al principio, una sombra en movimiento, como si fuera una descripción de cómo pasa la vida frente a ti. Yo, con la mirada cansada y el corazón que apenas latía, te noté y después te sentí. Tardé mucho en decidirme si eras real o solo una parte de mis pensamientos que tomaron forma. Tú, tan lejana y tan difuminada, a solo una pista de baile de distancia. Me encontraste; no te encontré yo a ti. Me llamaste con esa mirada que no era para mí, sino para todos, y aun así me sostuvo. Me acerqué con recelo y te pregunté tu nombre. Al principio no me miraste y dijiste solo “no”, pero en el segundo parpadeo supiste que era en serio. Nos tocamos la mano y flotamos sin miedo. Pudo haber sido el alcohol o solo el pulso del momento, pero eras r...

Destinos

  Hoy vamos a tocarnos como nunca lo hemos hecho, pero con el resultado de siempre. Vamos a concentrar todas nuestras ideas en aquel momento en el que fuimos uno, dejando que las neuronas lo intenten, pero no se encuentren. Por un instante, sintamos en las palmas de las manos ese temblor, esa electricidad que reconoce la piel, recordemos aquel abrazo que nos hace falta, ese calor del cuerpo junto al mío, la respiración que se acomoda sin pedir permiso. El abrazo esperado, la certeza de que no hay mañana, pero sí una eternidad, condensada en un solo latido. Vamos a tocarnos en el mejor sentido de la palabra, en aquel Edén donde nuestras almas se tocan, donde la piel aprende de memoria el mapa del otro. Por un momento se sienten, se poseen y se pierden, se abandonan sin miedo, y eso hace que lleguemos al cielo, y desde ahí todo sea mejor, más lento, más hondo, más nuestro. Alcanzar ese instante exacto en donde sabemos a qué huele el otro, donde el deseo no se pide, se reconoce. Sabem...

Sentir

Somos sólo momentos, sólo somos tiempos; sólo somos de esas palabras que se las lleva el viento. Somos suspiros que han sido negados. Somos miradas que se quedan perdidas, somos aquel sazón que a veces le falta a la comida, somos una caricia no pedida. Somos un párrafo que se pierde al momento de ser leído. Somos ese color que no tiene nombre. Somos aquel libro que se quedó olvidado. Somos tantas cosas y, a la vez, no somos nada. Pero quiero ser un poema que sí se lea hasta gastarse, un color que se distinga aun con los ojos cerrados, una vida que arda y valga la pena vivirse. Quiero ser como ese frío de la mañana que despierta la piel, y ser la razón silenciosa por la que alguien suspira sin saber por qué.

Números

 Las dimensiones existen y el tiempo nunca se detiene; las estadísticas existen y las matemáticas nos dan un lenguaje que intenta explicar lo que sentimos, lo que vivimos y lo que es necesario para encontrarnos, aunque a veces el corazón se adelante a cualquier cálculo. Una vez llegado al resultado, viene esa explosión de sentimientos que desborda los números y se siente en el pecho; aparece ese tiempo en donde ya no es uno, sino somos dos, compartiendo el mismo pulso y la misma respiración; viene el momento que es nuestro, cuando mirarnos confirma la ecuación, cuando el resultado deja de ser idea y se vuelve presencia, y es ahí donde se ratifica la verdad y se decide quedarse para disfrutarla. Déjame sumar, ayúdame a multiplicar y seamos la fórmula adecuada que no solo funciona, sino que nos sostiene, nos elige y nos permite amarnos sin necesidad de demostraciones.

Kiss 10.1

  Besos robados o besos entregados, besos siniestros y besos sin deseo, besos atrapados o tal vez besos negados, besos sinceros y besos que cubren heridas, besos que no quieren y besos que hieren, besos a medias y besos que consumen los labios por entero, besos que son míos y que se convierten en besos tuyos, besos de labios que se desean y besos que siempre se guardan sin estrenarse. Así nos podemos vivir la vida, y nunca serían suficientes, nunca serían los necesarios, y siempre saldrían de los mismos labios, estos que se mueren por conocer los tuyos.

Mejor

 Cuando se acabaron las lágrimas, tuve el valor de preguntar qué fue lo que pasó. Te quedaste en silencio, un silencio largo, denso, pensando tu respuesta, y después de unos minutos dijiste: nada, no pasó nada, como si esas palabras bastaran, sin darme tiempo de reaccionar. Me perdí en mis pensamientos, aferrada al ritmo de mis latidos, pero aún quería saber qué pasaba. Te miré y me negaste con la cabeza, evitando mis ojos. Entonces, de tu boca sólo salió: Eres un desastre adictivo, eres un mal necesario, eres todo lo que soñé desde pequeña, pero eso es demasiado para mí. No sé cómo reaccioné, no sé qué fue lo que dije; sentí cómo esas palabras se clavaban una a una, y sólo me sumergí en la oscuridad de un pensamiento, en el eco de tu voz, y en el deseo imposible de entender tus palabras, sabiendo que, al hacerlo, algo en mí ya no volvería a ser igual.

Noche 1.0

  Ella despertó aún en la oscuridad y, con sus dedos, buscó desesperadamente el primer latido. Se sorprendió, abrazada a las sábanas, y en ese momento sintió cómo una lágrima silenciosa bajaba por su mejilla. No quería creer que todo había sido un sueño. Quería sentir esos abrazos tan ciertos, esas caricias lentas y perfectas, y esos besos que te despertaban en la noche sin pedir permiso. Quería saber que todo era real, que no se le había escapado de las manos mientras dormía. Los abrazos sin pedirlos, las caricias sin pedir nada a cambio, una sola palabra que pudiera demostrar todo el amor que había entre ellos. Se sentó en la cama, con el corazón aún temblando. Miró la ventana, que apenas dejaba pasar un rayito de luz, como si el día dudara en comenzar. Se sintió a sí misma, frágil y despierta. Se abrazó, buscando lo que aún no entendía. Un ruido desde el baño, por fin la despertó. Sólo vio una sombra y una sonrisa inequívoca como señal de su presencia, y entonces lo supo: no h...

Pacto

 Vamos a contarnos un secreto. De esas cosas que nos suceden una sola vez en la vida, y que nos marcan por siempre; que nos dejan con esa sonrisa en la cara, esa que no sabes explicar, y con ese brillo en la mente que te acompaña aun cuando todo calla. Vamos a contarnos cómo somos realmente. Sin máscaras. Sin ensayos. Sin mentirnos. Vamos a conocernos con sólo palabras e imágenes, con sólo recuerdos; que son míos, Que son tuyos, aunque no sean recuerdos de ambos, aunque nos hayan construido por separado. Vamos a contarnos todo. Incluso lo que nos da miedo decir. Vamos a decirnos cuantas estrellas ves en el cielo, parecen mirarnos de vuelta. Vamos a intentar adivinar cuántos peces hay en el mar, como si contar fuera una forma de quedarnos. Vamos a perdernos en la luz, en el atardecer, o en el reflejo de esa luna que, desde este lado en donde estoy, se mira mejor, porque me sostiene cuando pienso en ti. Vamos a contarnos algo de esas aventuras que se viven en sueños, de esas que te d...

Mensajes

Hay cosas que no se dicen, pero se sienten cuando la distancia desaparece. Cuando te tomo de la mano, no es sólo un gesto: es quedarme, es decirte sin ruido que este instante también me pertenece contigo. Cuando te miro a los ojos y sonrío, es porque te reconozco más allá de lo que muestras, porque te veo incluso en lo que callas. Cuando apoyo mi cabeza en tu hombro, dejo ahí el peso del día y confío en ese lugar que siempre sabe sostenerme. Cuando camino a tu lado y acompaso mi paso al tuyo, entiendo que no se trata de avanzar, sino de hacerlo juntos, sin empujar el tiempo. Y cuando nuestras miradas se encuentran y se quedan, desnudas de prisa y de palabras, sé que no necesitamos decir nada, porque en ese silencio, mirándonos, ya nos hemos dicho todo.

Laureada

Ella podría haber sido escrita por una voz que conoce el temblor de la piel, porque su cuello es un verso que se lee con los labios y su espalda se ofrece lenta, como un poema que pide ser recorrido sin prisa, con la respiración cerca. Habita sus cuarenta con la elegancia de quien ya sabe provocar. Su piel no presume: convoca, sus pechos guardan la pausa exacta donde la mirada aprende a quedarse, y su vientre —tibio, vivo— late como esos versos que hablan del deseo desde la sombra y el pulso. Su sensualidad no grita: atrae, se desliza en la forma en que camina, en cómo se deja mirar sabiendo que su cuerpo es perfecto a mis ojos. Cada curva responde al tacto imaginado, a la cercanía que aún no ocurre pero ya arde. Y su corazón —ese corazón único— late hondo, profundo, como la poesía que nace del cuerpo y de la tierra. Amarla es aprender que hay mujeres que no se desean sólo con el cuerpo, sino con la palabra, con la espera, con el hambre dulce de volver a leerlas.

Pensándonos

No sé qué nos ha pasado. Las pláticas se detienen, las miradas se pierden y esos latidos ya no están al mismo ritmo. Será que los tiempos cambian, será que los sentimientos evolucionan, o será que tú y yo ya no somos las mismas personas. Solo me lo pregunto para mí mismo. No tengo la intención de que tú me digas lo mismo. Si te pregunto, tengo miedo a la respuesta; y si me respondes, tengo miedo a lo que venga. Vamos a vernos nuevamente con esos ojos inocentes que parecen que no nos conocemos. Vamos a sentirnos de nuevo, esperando que el mundo amanezca otra vez. Vamos a tenernos, como siempre debió haber sido. Vamos a hacer uno, vamos a hacer un mismo latido.

Justo hoy

Los días nublados se parecen a este amor que camina despacio, con el viento de frente, levantando polvo de dudas como en las tardes largas de avenida mojada. Hay miradas que son nubes bajas cargadas de silencios, palabras que caen finitas como llovizna sobre el parabrisas del alma, y otras que se sueltan de golpe, lluvia fuerte golpeando techos de lámina, recordándonos que el cariño también cala cuando no encuentra dónde guarecerse. Entre el olor a tierra mojada y el café que se enfría en la mesa, seguimos ahí, agarrados de la misma esperanza, aprendiendo a querer incluso cuando el cielo se nos viene encima. A veces el granizo cae sin avisar, piedritas heladas golpeando la paciencia, marcando moretones invisibles en lo que sentimos, pero el amor resiste como esas flores tercas que brotan en las banquetas rotas. Caminamos bajo el mismo paraguas, cruzando juntos el aguacero, sabiendo que no todo es sol ni calma eterna, pero que aun en medio de la tormenta hay belleza en avanzar lado a la...

Caldo a dos fuegos

1. Preparar el mandil Lava las miradas como cilantro fresco y deja la carne del deseo a temperatura ambiente: todo se enciende mejor cuando está listo para el tacto. 2. Picar para el molcajete Muele nervios e inseguridades hasta volverlos polvo, dejando sólo la textura suave de la confianza sobre la piedra compartida. 3. Sofrito en cazuela Dora paciencia y curiosidad en aceite tibio, mezclando palabras dulces hasta que el aroma de la cercanía empiece a soltar vapor. 4. Integrar al caldo Incorpora los cuerpos-ingredientes al hervor, moviendo con cuchara de madera para que se encuentren sin romper sus formas. 5. Sazonar al gusto Agrega sal de caricia medida, chile de atrevimiento tenue y hierbas de improvisación, ajustando cada nota al paladar de ambos fuegos. 6. Dejar a fuego lento Permite que burbujee sin prisa, cuidando el punto exacto donde la pasión espesa el caldo sin dejarlo rebasar. 7. Reposar y servir en barro Apaga la lumbre, deja asentar los sabores, y sirve caliente en platos...

Afueras

Nos encontramos como se cruzan dos trayectorias improbables en la vastedad del cosmos: por una ecuación secreta hecha de latidos y azar, mientras las estrellas nos miraban aprender a nombrarnos luz. Éramos fuego suspendido entre lunas, una constelación recién dibujada sobre la piel, orbitando la pasión con la inocencia de quienes creen que el infinito cabe en dos manos enlazadas. Cada beso parecía alterar la gravedad del mundo, doblar el tiempo, encender supernovas íntimas donde el amor sincero y desbordado latía como una galaxia recién nacida. Ahora somos fragmentos flotando en el recuerdo, polvo de estrellas disperso por la memoria del universo que fuimos. Nuestras lunas ya no se buscan, nuestras constelaciones se han difuminado en nombres que el cielo apenas recuerda, pero la matemática imposible de aquel encuentro sigue vibrando en la vastedad: dos almas que coincidieron una vez y dejaron, como eco de luz, una estela eterna hecha de nostalgia, pasión extinguida y amor convertido en...

Otras memorias

La miro como quien contempla una obra que se completa en capas: su piel tatuada no grita, susurra memorias, pequeñas marcas del camino que ha recorrido, mientras su estilo alternativo acompaña con discreción la fuerza que habita en su mirada. No es la tinta lo que me enamora por sí sola, sino la manera en que dialoga con sus pensamientos, cómo cada trazo parece guardar una experiencia y, al mismo tiempo, le da forma a esa sensibilidad particular con la que observa el mundo. En ella, lo externo no eclipsa lo interno; al contrario, lo revela, como un mapa sutil donde la belleza física se vuelve extensión natural de su profundidad emocional. Y cada vez que la veo regresa el asombro completo: me atrae su presencia tatuada como testimonio de vida, pero me atrapa aún más la luz tranquila de sus ojos, esa forma única de pensar y sentir que transforma cualquier gesto en una declaración de autenticidad. Me enamora la armonía entre su historia escrita en la piel y su voz interior, porque en la u...

Todo el año

 En el frío del invierno nos buscábamos las manos, como si el temblor fuera sólo una excusa para quedarnos; la primavera nos sorprendía con besos recién nacidos, pasión en flores abiertas, promesas dichas sin sonido; después el verano ardía en risas sin relojes ni temor, piel salada, miradas largas, futuro escrito con sudor; y al llegar el otoño, entre hojas y silencios nuestros, hablábamos de despedidas sin pronunciar nunca el adiós. Así gira el año y giramos nosotros, volviendo al mismo lugar: al banco donde el frío empieza, donde la flor vuelve a brotar. No sabemos qué decide el tiempo ni qué rumbo el destino da, sólo que en cada estación se aprende a querer y a soltar. Invierno, primavera, verano y otoño vuelven a pasar, y entre pasos que se alejan, siempre acabamos por regresar al punto exacto del recuerdo donde aún vive ese amor: dos almas que se buscaron, sin saber quiénes serán hoy.

Una noche más

Letras de noches pasadas, que se duermen mientras los suspiros se acaban; dame un latido, regálame un sentido, sólo eso ahora pido para seguir describiendo con ideas tu belleza. No encuentro el tiempo entre sombras quietas y me pierdo en la añoranza, dame un momento y deja que me gane una noche más bajo la luz callada de la luna.

Sucedió

Sus besos me elevan en secreto y sus abrazos sostienen todo lo que no podemos decir. Nos acercamos a destiempo, robándole segundos a la prudencia, queriéndonos en el arte del silencio: miradas largas, manos que apenas rozan, palabras guardadas para no delatarnos. Somos frontera y deseo, prohibidos y cómplices; ya cruzamos una vez la distancia que fingimos cuidar, y sé —como ella sabe— que no fue la última: hay fuegos que se esconden, pero nunca se apagan.

Diario

Me gustas de todas las maneras en que una mujer puede gustarle a un hombre: con tus risas claras y tus silencios inquietos, con tus certezas firmes y tus dudas suaves, en tus días altos y también cuando el mundo pesa. Me gustas cuando amanece sobre tu mirada y cuando la noche nos vuelve más cercanos; me gustas mientras hablas, mientras callas, mientras existes sin darte cuenta de lo mucho que ocupas en mí. En cada acción pequeña —preparar un café, caminar juntos, cruzar miradas al pasar— encuentro un motivo nuevo para quererte. Me gustas en cada parpadeo que se me escapa pensando en ti, en cada instante cotidiano que se vuelve amor sólo porque estás. No te quiero desde la perfección, te quiero desde lo real: desde lo que somos cuando nos equivocamos y volvemos a intentar, cuando dudamos y aun así nos elegimos. Me gustas así, completa, verdadera, mía y libre, como se gustan las cosas que llegan para quedarse sin pedir permiso.