Puntos

Las luces seguían brillando en la pista; las miradas se perdían con el compás de la música, que se disolvía en el ruido. Las siluetas iban y venían, y el brillo de tu sonrisa se veía cansada. No te tuve presente hasta que, de reojo, te miré: un rastro borroso al principio, una sombra en movimiento, como si fuera una descripción de cómo pasa la vida frente a ti. Yo, con la mirada cansada y el corazón que apenas latía, te noté y después te sentí.

Tardé mucho en decidirme si eras real o solo una parte de mis pensamientos que tomaron forma. Tú, tan lejana y tan difuminada, a solo una pista de baile de distancia. Me encontraste; no te encontré yo a ti. Me llamaste con esa mirada que no era para mí, sino para todos, y aun así me sostuvo.

Me acerqué con recelo y te pregunté tu nombre. Al principio no me miraste y dijiste solo “no”, pero en el segundo parpadeo supiste que era en serio. Nos tocamos la mano y flotamos sin miedo. Pudo haber sido el alcohol o solo el pulso del momento, pero eras real y yo estaba ahí, completo.

Nos fundimos en una luz, en un destello, y en ese parpadeo dejamos de ser forma: fuimos ritmo, fuimos tiempo, somos un último aliento.


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