Pan
En este momento quisiera decirte tantas cosas que tengo en mi mente, en mi corazón; poder explicar esos pensamientos que provocas tú en mí y buscar la manera de expresar con palabras los sentimientos que provocas, mientras yo avanzo un paso y la concha se queda frente a mí, tibia, esperando. La sostengo entre mis manos, sintiendo su suavidad ceder apenas al contacto, pero en realidad eres tú en esa forma, mirándome sin decir nada, dejando que sea yo quien descifre lo que escondes.
Muchas veces me encuentro perdido, queriendo encontrar las palabras perfectas para que suenen como yo quiero que suenen y que tú las entiendas como deben de ser, y entonces te veo girar como un rol de canela frente a mí. Me acerco, siguiendo ese trazo en espiral con la mirada, con la intención, dejándome llevar por cada vuelta que das, como si cada una me acercara más a ti. Muchas veces quiero ordenar mis pensamientos y mis sentimientos en una sola línea, pero contigo todo se curva, todo se enreda… y aún así, todo tiene sentido.
Salir de mí constantemente es una batalla interna para encontrar el medio adecuado, y me detengo frente a ti, ahora firme como un bolillo, midiendo la distancia entre nosotros. Extiendo la mano, te toco apenas, y siento cómo respondes, cómo cedes lo justo, como si también estuvieras esperando ese momento. Confundido estoy, no con mis pensamientos, no con mis sentimientos, sino con esta forma en la que haces que todo lo que guardo quiera salir al mismo tiempo.
Me considero muchas veces bueno con las palabras, me considero tranquilo con los pensamientos, pero mi corazón late fuerte y se desboca con los sentimientos, y tú, frente a mí, te abres como un cuernito, lento, sin resistencia. Paso los dedos siguiendo tus capas, descubriendo lo que escondes, sintiendo cómo cada parte tuya responde a mi cercanía, como si ya no hubiera forma de contener lo que está pasando entre nosotros.
Quisiera poder comunicarme contigo de la mejor manera, y entonces ya no hablo: me acerco más. Te siento, tan cerca que el aire cambia, como si fueras una dona suave que deja dulzura en cada espacio que ocupa. Quisiera pensarte todos los días con esa imagen eterna, y sé que, en algún momento del día, mis sentimientos llevan tu nombre y mi corazón palpita de alegría, porque al final, entre todas las formas en las que apareces… siempre termino encontrándote a ti, esperándome.
Comentarios