Delicioso camino

 Nace en la punta de tu dedo, ya sin inocencia, con un deseo suave latiendo en su forma, aferrándose a tu piel como si reconociera algo propio. Se desliza por tu mano, lento y deliberado, deteniéndose en cada pliegue, presionando apenas, despertando memorias ocultas bajo tu tacto. Llega a tu muñeca y se entrega un poco más, sintiendo tu pulso tibio, respondiendo con una cercanía más íntima… como si empezara a pertenecer.

Sube. Ya no recorre: se arrastra con intención por tu antebrazo, dejando un rastro invisible que arde lento, seduciendo sin imponerse. Encuentra el interior de tu codo y se hunde apenas, descubriendo ese rincón sensible donde la piel escucha más… y ahí se demora, consciente de lo que provoca.

Continúa. Tu hombro lo recibe abierto, y el beso se expande, más amplio, más envolvente, como queriendo abarcarte. Luego desciende hacia tu cuello… y todo cambia. Se vuelve lento, peligrosamente suave. Cada roce pesa, vibra, permanece. Se acerca más, se atreve, se queda un segundo más de lo debido… y en ese instante todo se vuelve más denso.

Baja a tu clavícula, dibujándola con precisión, memorizando el camino, rozando el inicio de lo profundo sin invadir, sólo insinuando. Ahí respira contigo, se adapta, se vuelve cómplice de lo que despierta sin palabras.

Regresa. Sube lento, dejando ecos más intensos en cada sitio que tocó, como si tu piel lo reclamara. Vuelve al cuello, esta vez sin dudar: se queda, presiona, se funde un poco más.

Y entonces asciende… inevitable… hasta tus labios.

Donde no llega suave—llega cargado de todo el viaje. Ya no es sólo un beso, es la suma de cada roce, cada pausa, cada estremecimiento contenido.

Y al tocar tu boca…

simplemente sucede.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Multivac dice: Es su Pueblo Fatal !!!

Es el fin

Kiss 11.0