Eres G 3.1
No sé cuándo sucedió. Solo sé que te hablé por primera vez y, en el siguiente parpadeo, ya no podía dejar de escucharte, de mirarte, de imaginarte; de encontrarme viviendo dentro de tus palabras.
El tiempo comenzó a saltar poco a poco, como si quisiera darnos la oportunidad de disfrutarnos, pero también como si supiera que cada salto nos acercaba un poco más, que con cada día aparecían nuevas formas de conocernos y nuevos deseos por descubrir.
Y no hablo solamente de lo que quieren los cuerpos, sino de esos latidos que, sin pedir permiso, aprenden a ir al mismo ritmo; de las tardes en que nuestras manos se rozan y dicen cosas que no necesitan palabras, de esos guiños secretos que solamente nosotros entendemos, de todo lo que sucede cuando estamos cerca y el mundo parece hacerse pequeño.
No quiero pasar más tiempo sin tus suspiros. No quiero cocinar olvidos ni aprender a vivir con ausencias. No quiero saber que en esta vida existes tú y conformarme con la distancia de no tenerte a mi lado.
Así fue como sucedió: parpadeé… y cuando abrí los ojos, la vida ya me había señalado exactamente dónde estabas tú.
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