Momento cualquiera

 La vida está hecha de días que abrazan y días que duelen. Unos quisiéramos detenerlos; otros, olvidarlos. Pero ambos nos pertenecen: la felicidad nos enseña a agradecer, el dolor a resistir.

Porque también crecemos en las pérdidas, en los silencios, en aquello que nos rompe y nos obliga a volver a encontrarnos. A veces, sólo después de caer entendemos cuánto podíamos levantarnos.

Y seguimos… llevando las cicatrices junto a los recuerdos felices. Porque quizá vivir no sea evitar el dolor, sino aprender a convertirlo en fuerza. Al final, todo lo vivido —lo hermoso y lo terrible— termina formando la persona que llegamos a ser.


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