Diferentes

 Los amores prohibidos no piden permiso. Tampoco se explican. Llegan como la lluvia: cuando quieren, donde quieren.

No se reclaman porque saben que el amor no pertenece a nadie. Se miran de lejos, se reconocen entre el ruido, sobreviven al tiempo, a los chismes, a las miradas que siempre creen saber más de lo que ven.

Quizá por eso deberían durar para siempre. No por prohibidos, sino por valientes. Porque hay amores que encuentran su refugio en la complicidad y hacen de un instante una vida entera.

Y es que, pensándolo bien, todo amor tiene algo de prohibido: una frontera que cruzar, un miedo que vencer, una locura que nadie entiende. Tal vez por eso amamos. Tal vez por eso seguimos volviendo.


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