Sin diferencias
Sé que escondes tu risa cuando dudas de tu cuerpo, como si el espejo pudiera oír tus pensamientos; yo también conozco ese pudor que arde en la piel, ese deseo de cubrirme cuando en realidad quiero ser mirado. Tú recoges tus vergüenzas como ropa tibia al amanecer, yo disimulo las mías detrás de una calma ensayada, pero mis manos también tiemblan cuando imagino que podrías recorrerme despacio. Nos reconocemos en ese rubor compartido: tu inseguridad respira contra la mía, y aun así me acerco, porque tocar tu miedo con el mío no es invadirte, es aprender la forma exacta en que dos cuerpos se entienden antes de atreverse a unirse.
No quiero una versión perfecta de ti, quiero la verdad suave de tu piel dudando, como yo dudo cuando pienso que podrías conocerme sin defensas. Me asusta que veas mis grietas del mismo modo que te asusta abrir las tuyas, y sin embargo deseo quedarme: hacer de ese temblor un idioma íntimo, un lugar donde tu vergüenza y la mía se rocen sin prisa hasta volverse confianza. Si ser uno significa desnudarnos despacio del miedo, entonces te elijo en ese vértigo: caer cerca, respirarnos, y descubrir que el abismo era sólo la distancia entre tu piel y la mía pidiendo encontrarse.
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