Temporal

 La besaba con la urgencia de quien sabe que está perdiendo, mi cuerpo sacudido por un amor que dolía al respirarlo; no dijimos nada, porque la verdad ya sangraba entre los dos: éramos un error hermoso condenado a durar un instante.

Su cuerpo, perfecto como una herida abierta en la memoria, su alma limpia, cruelmente intacta frente a mi ruina, y toda esa pureza ardiendo en mis manos era pasión, pura pasión desgarrándose viva.


La abracé sabiendo que el final ya nos estaba mirando, y aun así temblamos como si el mundo dependiera de ese choque; efímeros, sí, y por eso más salvajes, amándonos con la furia de lo que no tiene mañana.

Su belleza me atravesaba como una despedida interminable, su luz era un cuchillo dulce que no quise esquivar, y en el silencio donde murió nuestro nombre, quedó sólo el fuego… y el fuego dolía.


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