Primero allá arriba Ana
Hoy el calendario pronuncia tu nombre en silencio, y aunque ya no podamos abrazarte, sigues viviendo en las sonrisas que sembraste, en cada pequeño corazón al que enseñaste a soñar.
Fuiste de palabras tranquilas y de afectos inmensos, una maestra que enseñaba mucho más que lecciones, porque en tu risa cabía la alegría de la vida y en tu mirada la certeza de valorar cada instante.
En este primer cumpleaños que celebras entre estrellas, te recordamos con amor, con gratitud y con ternura; porque quienes dejan huellas tan profundas en el alma nunca se marchan del todo, sólo aprenden a habitar la memoria.
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