Otro diálogo

 Hay miradas que dicen demasiado y silencios que terminan pesando más que cualquier conversación. A veces sobran las palabras, los diálogos sin importancia, y aun así son esos pequeños momentos los que sostienen el siguiente día, como avisos absurdos que el tiempo convierte en realidad.

Y entonces uno empieza a hablar así, sin entender del todo qué está pasando; con esa necesidad insoportable de querer conocer cada rincón de alguien, mientras todo termina reduciéndose a un argumento torpe, a una sola frase incapaz de contener lo que realmente se siente.

Tal vez eso es lo más triste: descubrir demasiado tarde que algunas personas logran quedarse dentro de ti sin haber pertenecido nunca a tu vida, y que hay ausencias que comienzan incluso antes de que algo exista realmente.


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