G 2.8
Antes de que la lluvia bese la tierra, el mundo guarda un breve silencio. Entonces cae con una elegancia serena que transforma todo cuanto toca. Siempre me recuerda a ti: a la calma de tu seriedad y a esa sonrisa discreta que, sin proponérselo, ilumina mi corazón.
Pero ni la lluvia posee el encanto de tus ojos. En ellos encuentro un refugio del que nunca deseo salir; basta una mirada para perderme en su profundidad y descubrir, una vez más, que el lugar más hermoso donde puedo extraviarme siempre será el reflejo de tu mirada.
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