Sucedió
Sus besos me elevan en secreto y sus abrazos sostienen todo lo que no podemos decir. Nos acercamos a destiempo, robándole segundos a la prudencia, queriéndonos en el arte del silencio: miradas largas, manos que apenas rozan, palabras guardadas para no delatarnos. Somos frontera y deseo, prohibidos y cómplices; ya cruzamos una vez la distancia que fingimos cuidar, y sé —como ella sabe— que no fue la última: hay fuegos que se esconden, pero nunca se apagan.