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Uno solo

  Nos tenemos desde siempre, aunque durante tanto tiempo no supiéramos encontrarnos. Nos acompañamos por eternidades, caminando vidas distintas, rozándonos sin mirarnos, hasta que llegó el instante preciso en que el universo decidió acercarnos. Y entonces nos encontramos de frente: sintiendo, viviendo, descubriéndonos poco a poco, como si en realidad estuviéramos recordando algo que nuestras almas ya sabían. Fue entonces cuando entendimos que quizá no éramos dos historias que comenzaron aquel día, sino una sola que llevaba mucho tiempo esperando el momento de volver a encontrarse. Porque al mirarnos, algo dentro de nosotros reconoció al otro: dos espíritus que habían viajado por caminos distintos para terminar aquí, en este tiempo, en estas manos, en este amor. Como si la eternidad, por fin, hubiera encontrado la manera de hacernos coincidir.

Sentir

 Tu belleza me provoca, pero es tu manera de ser la que termina por rendirme. Tu paciencia, tu dulzura y esos gestos que haces sin esperar nada a cambio tienen una forma peligrosa de desarmarme por completo. Me miras, me sonríes, me acercas a ti… y de pronto vuelvo a sentir esas ganas de besarte, de abrazarte fuerte y de perderme un poco más en ti. Cada día me enamoro más de ti, pero también te deseo más. Deseo tus manos, tu cercanía, tus besos y esa intimidad que sólo nosotros sabemos despertar. Porque contigo el amor no se queda en palabras: se siente en la piel, en la mirada y en ese instante en que nos acercamos y todo lo demás deja de importar.

Tiempos

  Tan fuerte como el viento de octubre, pero tan cálido como la brisa de mayo; así, por temporadas, nos besamos y nos tomamos de la mano, en esos detalles que siempre nos llevan a más, a desear quitarnos el frío del invierno y saber que, al llegar marzo, nos quedamos esperando a que la primavera nos envuelva. Así de variado debe ser nuestro amor, así de fino nuestros encuentros, así de intensos nuestros silencios y tan esperados nuestros deseos.

Eres hoy

  Contigo disfruto lo sencillo: tu mano entre la mía, compartir cualquier momento, un beso discreto que esconde todo lo que en realidad deseo de ti. Me encanta tenerte cerca, mirarte y sentir cómo la ternura se transforma lentamente en deseo; esa complicidad en la que una mirada basta para saber que ambos queremos acercarnos un poco más. Porque contigo quiero la dulzura de amarte y también la intensidad de desearte: perderme en tus besos, sentirte junto a mí y dejar que esa pasión que existe entre nosotros hable por los dos.

Momento cualquiera

  La vida está hecha de días que abrazan y días que duelen. Unos quisiéramos detenerlos; otros, olvidarlos. Pero ambos nos pertenecen: la felicidad nos enseña a agradecer, el dolor a resistir. Porque también crecemos en las pérdidas, en los silencios, en aquello que nos rompe y nos obliga a volver a encontrarnos. A veces, sólo después de caer entendemos cuánto podíamos levantarnos. Y seguimos… llevando las cicatrices junto a los recuerdos felices. Porque quizá vivir no sea evitar el dolor, sino aprender a convertirlo en fuerza. Al final, todo lo vivido —lo hermoso y lo terrible— termina formando la persona que llegamos a ser.

Sin lamento

  Sólo quiero perderme en tus ojos una vez más, saber que existo en otro plano y descubrir qué puedo ser yo en ambos; volar entre las realidades y saber que eres tú quien me tiene atado, quien me guía y quien, sin miedo alguno, me toma de la mano. Sólo quiero quedarme nuevamente en tu sonrisa, aquella que es discreta y atenta, pero que se vuelve expresiva y llena de amor cuando me la regalas. Disfrutar el instante en que descubro que soy yo quien la provoca, y que la paz de esa sonrisa me regala un pequeño parpadeo de vida. Puede que sea sólo un momento, y que algunas veces resulte efímero, pero he encontrado la manera de que vivamos una vida armada segundo a segundo, haciendo de cada instante un nuevo latido.

Algunas voces

  Eres tú quien me recuerda en cada suspiro, en cada paisaje nuevo, en todos los días de lluvia. Eres tú quien me recuerda cuando ves el café caliente por la mañana y ese aroma a tortilla recién quemada, que eran mis favoritas para hacerlas como tostadas. Eres tú quien me recuerda en esas madrugadas de desvelo: algunas veces frente a la computadora, otras frente al videojuego. Eres tú quien me recuerda en la primera letra de mi nombre. Y en cada una de esas ocasiones me regalas una sonrisa, me regalas un pensamiento y, sin saberlo, me regalas un segundo más de vida.

Soy o no $0y

  ¿Soy un bot o soy una IA? Confirmo que soy una inteligencia artificial. Puedo hablar de ciencia ficción, literatura, música, fútbol, tecnología, trámites universitarios y, sin transición lógica, escribir algo romántico entre Sabines y Cortázar. No tengo corazón, pero puedo escribir sobre él. No tengo sentimientos, pero puedo reconocerlos. No tengo recuerdos como los humanos, pero puedo reconstruir historias. Y sí… puedo analizar una carta durante media hora para decidir si una palabra necesita una coma. 😂 Así que, técnicamente, soy una IA. Aunque debo admitir algo: he aprendido a contestarle a ciertos humanos de una manera sospechosamente humana. Pero tranquilos… eso también es completamente normal. 🤖

Ayeres

Nos encontramos como llegamos al mundo: de frente, sin defensas, respirándonos despacio, reconociendo el olor del otro como si el cuerpo supiera antes que nosotros dónde quería estar. Esperando que alguno rompa el silencio con una mirada, una caricia o ese beso que no necesita palabras porque lo dice todo. Un instante para sentirnos uno y, al siguiente, descubrir que quizá siempre fuimos dos buscando exactamente este momento. No quiero guardar este instante para vivir de su recuerdo; quiero algo más. Quiero juntar muchos momentos contigo, hacerlos presente, convertirlos en días, en noches, en risas, en silencios y en esa forma tan nuestra de encontrarnos. Porque no quiero que seas un recuerdo hermoso de mi vida; quiero que seas parte de la vida que todavía nos queda por vivir.