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Kiss 10.1

  Besos robados o besos entregados, besos siniestros y besos sin deseo, besos atrapados o tal vez besos negados, besos sinceros y besos que cubren heridas, besos que no quieren y besos que hieren, besos a medias y besos que consumen los labios por entero, besos que son míos y que se convierten en besos tuyos, besos de labios que se desean y besos que siempre se guardan sin estrenarse. Así nos podemos vivir la vida, y nunca serían suficientes, nunca serían los necesarios, y siempre saldrían de los mismos labios, estos que se mueren por conocer los tuyos.

Mejor

 Cuando se acabaron las lágrimas, tuve el valor de preguntar qué fue lo que pasó. Te quedaste en silencio, un silencio largo, denso, pensando tu respuesta, y después de unos minutos dijiste: nada, no pasó nada, como si esas palabras bastaran, sin darme tiempo de reaccionar. Me perdí en mis pensamientos, aferrada al ritmo de mis latidos, pero aún quería saber qué pasaba. Te miré y me negaste con la cabeza, evitando mis ojos. Entonces, de tu boca sólo salió: Eres un desastre adictivo, eres un mal necesario, eres todo lo que soñé desde pequeña, pero eso es demasiado para mí. No sé cómo reaccioné, no sé qué fue lo que dije; sentí cómo esas palabras se clavaban una a una, y sólo me sumergí en la oscuridad de un pensamiento, en el eco de tu voz, y en el deseo imposible de entender tus palabras, sabiendo que, al hacerlo, algo en mí ya no volvería a ser igual.

Noche 1.0

  Ella despertó aún en la oscuridad y, con sus dedos, buscó desesperadamente el primer latido. Se sorprendió, abrazada a las sábanas, y en ese momento sintió cómo una lágrima silenciosa bajaba por su mejilla. No quería creer que todo había sido un sueño. Quería sentir esos abrazos tan ciertos, esas caricias lentas y perfectas, y esos besos que te despertaban en la noche sin pedir permiso. Quería saber que todo era real, que no se le había escapado de las manos mientras dormía. Los abrazos sin pedirlos, las caricias sin pedir nada a cambio, una sola palabra que pudiera demostrar todo el amor que había entre ellos. Se sentó en la cama, con el corazón aún temblando. Miró la ventana, que apenas dejaba pasar un rayito de luz, como si el día dudara en comenzar. Se sintió a sí misma, frágil y despierta. Se abrazó, buscando lo que aún no entendía. Un ruido desde el baño, por fin la despertó. Sólo vio una sombra y una sonrisa inequívoca como señal de su presencia, y entonces lo supo: no h...

Pacto

 Vamos a contarnos un secreto. De esas cosas que nos suceden una sola vez en la vida, y que nos marcan por siempre; que nos dejan con esa sonrisa en la cara, esa que no sabes explicar, y con ese brillo en la mente que te acompaña aun cuando todo calla. Vamos a contarnos cómo somos realmente. Sin máscaras. Sin ensayos. Sin mentirnos. Vamos a conocernos con sólo palabras e imágenes, con sólo recuerdos; que son míos, Que son tuyos, aunque no sean recuerdos de ambos, aunque nos hayan construido por separado. Vamos a contarnos todo. Incluso lo que nos da miedo decir. Vamos a decirnos cuantas estrellas ves en el cielo, parecen mirarnos de vuelta. Vamos a intentar adivinar cuántos peces hay en el mar, como si contar fuera una forma de quedarnos. Vamos a perdernos en la luz, en el atardecer, o en el reflejo de esa luna que, desde este lado en donde estoy, se mira mejor, porque me sostiene cuando pienso en ti. Vamos a contarnos algo de esas aventuras que se viven en sueños, de esas que te d...

Mensajes

Hay cosas que no se dicen, pero se sienten cuando la distancia desaparece. Cuando te tomo de la mano, no es sólo un gesto: es quedarme, es decirte sin ruido que este instante también me pertenece contigo. Cuando te miro a los ojos y sonrío, es porque te reconozco más allá de lo que muestras, porque te veo incluso en lo que callas. Cuando apoyo mi cabeza en tu hombro, dejo ahí el peso del día y confío en ese lugar que siempre sabe sostenerme. Cuando camino a tu lado y acompaso mi paso al tuyo, entiendo que no se trata de avanzar, sino de hacerlo juntos, sin empujar el tiempo. Y cuando nuestras miradas se encuentran y se quedan, desnudas de prisa y de palabras, sé que no necesitamos decir nada, porque en ese silencio, mirándonos, ya nos hemos dicho todo.

Laureada

Ella podría haber sido escrita por una voz que conoce el temblor de la piel, porque su cuello es un verso que se lee con los labios y su espalda se ofrece lenta, como un poema que pide ser recorrido sin prisa, con la respiración cerca. Habita sus cuarenta con la elegancia de quien ya sabe provocar. Su piel no presume: convoca, sus pechos guardan la pausa exacta donde la mirada aprende a quedarse, y su vientre —tibio, vivo— late como esos versos que hablan del deseo desde la sombra y el pulso. Su sensualidad no grita: atrae, se desliza en la forma en que camina, en cómo se deja mirar sabiendo que su cuerpo es perfecto a mis ojos. Cada curva responde al tacto imaginado, a la cercanía que aún no ocurre pero ya arde. Y su corazón —ese corazón único— late hondo, profundo, como la poesía que nace del cuerpo y de la tierra. Amarla es aprender que hay mujeres que no se desean sólo con el cuerpo, sino con la palabra, con la espera, con el hambre dulce de volver a leerlas.

Pensándonos

No sé qué nos ha pasado. Las pláticas se detienen, las miradas se pierden y esos latidos ya no están al mismo ritmo. Será que los tiempos cambian, será que los sentimientos evolucionan, o será que tú y yo ya no somos las mismas personas. Solo me lo pregunto para mí mismo. No tengo la intención de que tú me digas lo mismo. Si te pregunto, tengo miedo a la respuesta; y si me respondes, tengo miedo a lo que venga. Vamos a vernos nuevamente con esos ojos inocentes que parecen que no nos conocemos. Vamos a sentirnos de nuevo, esperando que el mundo amanezca otra vez. Vamos a tenernos, como siempre debió haber sido. Vamos a hacer uno, vamos a hacer un mismo latido.